Tarde, pero seguro. Lo prometido es deuda: ¡a la carga con el Festival de FUNGLODE!
El segundo Festival de Cine Global Dominicano exhibió la película “El Camino” en el Centro Cultural Mauricio Báez, en Villa Juana, este jueves 20 de noviembre. A la presentación acudió la directora, Ishtar Yasín Gutiérrez.

Ishtar Yasín
Ishtar Yasín, nacida en Moscú, hija de un iraquí y una chilena-costarricense, ciudadana del mundo, es la directora de una cinta que, casi a manera de documental, nos narra la triste historia de Soslaya y Dario, dos niños nicaragüenses que emigran a Costa Rica en busca de su madre, a quien no ven desde hace años.
Bajo el lema Temas Globales, Historias Personales, la FUNGLODE pretende acercar a los espectadores a un cine de conciencia y desafíos globales. Esto es, precisamente, lo que contiene esta cinta.
Los temas son muy serios: el abandono, la soledad, el incesto, la pobreza. Está el aspecto psicológico: la niña conoce una joven que deja su bebé con su madre para buscar suerte en Costa Rica. Ella ve en esta joven la imagen de su madre, quien hizo lo mismo 8 años atrás, y la persigue a donde vaya. Por momentos obtenemos sorbos de felicidad, como cuando las vemos bailar a ritmo de la música de un titiritero. Este, que al principio se presenta como un salvador, a la postre nos da una horrible sorpresa.
Está aglutinada de metáforas visuales. Tiene una fotografía hermosa. Resaltan los colores crema y oliva, y el ambiente desértico. Esto le da sutileza a cada encuadre. El silencio es uno de los protagonistas. No sólo porque Darío es mudo. Es porque el viento y la marea tienen mucho que decir. Te atrapan e introducen a un ambiente árido y desolado. Hacen que te cuestiones a lo Héctor Lavoe: ¿cuándo llegará el día de mi suerte?
“Cuando era muy joven tuvimos que huir de Chile a Costa Rica en tiempos del golpe de estado. El fenómeno de la migración lo tengo muy marcado. Quería presentarlo desde los ojos de niños. Es una historia muy personal”, dijo Ishtar confirmando los elementos introspectivos que contiene la obra.
La nota jocosa la aportan dos hombres que, a largo de la película (llueva, truene, ventee o aún teniendo que nadar), cargan una mesa de un lugar a otro, sin aparente razón. Una interpretación personal es que es una metáfora de aquello que, aunque escapemos de un lugar a otro, no podemos dejar atrás, algo vital en nuestra vida.
El tema de la migración es universal, y aquí podemos identificarnos con los casos Haití-Dominicana, Dominicana-Puerto Rico/Estados Unidos. Siempre tendremos el mismo resultado: una poética visión de la problemática inmigrante.
Por Rubén Darío Cruz





